NICARAGUA, TIERRAS DE SANDINO Y RUBEN DARIO

Los últimos días de su estancia por Costa Rica, Truffe y Tango decidieron viajar unos días al vecino país de Nicaragua. En este viaje nos acompañó nuestra amiga Mariposa, una camarada mendocina que estaba de paseo por Costa Rica.

Nuestra primera estación fue Granada. El primer día recorrimos la ciudad a pie, apreciando su arquitectura colonial y la calidez de su gente. Llamaron principalmente nuestra atención, la Catedral de Granda, de estilo neoclásico y la fachada de las casas, en tonos amarillos, rosas, azules y verdes. Además, al caminar por la ciudad, era necesario tener cuidado con lo hombres  en carretas, quienes luego de casi atropellarte, te preguntaban si deseabas dar un paseo!

El segundo día, decidimos hacer una excursión en bote por las Isletas (más de 300 pequeñas islas) que se encuentran en el Gran Lago de Nicaragua, conocido por su gran extensión. Siendo uno de los más grandes en América Latina, muchos lo apodan como el “Mar dulce”. Durante el paseo, pudimos apreciar la inmensidad del lago y la flora y fauna que existe en algunas de las Isletas, siendo una de las que más nos sorprendió la Isla de los Monos. Sin embargo, muchas otras isletas han sido privatizas y se observan en ella residencias para turistas o casas de particulares.

El próximo destino fue la Isla de Ometepe, también ubicada en el Gran Lago de Nicaragua. Para llegar a la isla fue necesario tomar un bus desde Granada hasta la ciudad de Rivas. En el ómnibus, un antiguo coche escolar de los Estados Unidos, la situación fue bastante caótica. Al subirnos al bus, el “cobrador” nos obligó a poner nuestros bolsos en el porta equipaje, lo cual nos daba cierta inseguridad. Por esta razón, Tango, quien tenía el bolso más pequeño decidió llevarlo entre sus brazos. Sin embargo, el “Cobrador” se nos acercó nuevamente y de manera intimidante obligó a Tango a colocar la mochila en el lugar indicado. Al cabo de 30 minutos, el “Cobrador” junto con a su mochila, habían desaparecido…Sin embargo, hay quienes dicen que “No hay mal que por bien no venga” y este fue nuestro caso.

Al llegar a la ciudad de Rivas, sin mucho ánimo y un poco desconcertados por el robo de la mochila, tuvimos que tomar un ferry que nos llevaría a destino, la isla de Ometepe. El viaje solo duró una hora y al arribar comenzó nuestra búsqueda de Hostal y una comisaría para denunciar el hurto del que habíamos sido víctimas.

Fue en este momento, que nuestro viaje dio un giro rotundo, al conocer una hermosa Nica de 18 años, llamada Antonia (Toña para sus amigos). El encuentro se produjo en el bus que nos llevaba desde el puerto hasta el centro de la Isla, gracias a Mariposa que al estar sentada junto a ella, no dudo en conversar con esta niña para obtener consejos sobre aquello que podíamos hacer en Ometepe.

Desde el primer momento que hablamos con ella, su sonrisa y alegría nos cautivaron. Luego de ayudarnos a conseguir una habitación para dormir a tan solo 1 euro por persona, nos ofreció conocer su casa y visitar su familia, unos campesinos de la isla, el día siguiente. Evidentemente,  no hesitamos en decir que sí.

El albergue donde nos quedamos fue toda una hazaña. Dormimos los tres en la misma habitación. Laura, quien dormía en un colchón en el suelo, fue severamente atacada por un ejército de pulgas. La higiene de lugar era prácticamente inexistente y el baño ni siquiera tenía una puerta que lo separara del cuarto donde dormíamos, lo cual no era muy práctico en términos de intimidad sanitaria!  Además, al precio de 1 euro por noche, creemos que el sitio donde dormíamos brindaba otro tipo de servicios, más del tipo de albergues transitorios.

La mañana siguiente, nos levantamos temprano y emprendimos camino hacia el hogar de Toña. Al llegar, nos recibió junto a toda su familia. Los Gonzales, resultaron ser bastante numerosos y en una pequeña casa con tan solo una cocina, un comedor y un cuarto (sin puertas ni ventanas) vivían padres, hijos y abuelos, sin olvidar los cerdos, los perros, los gatos y la cotorra.

Si bien esta familia era muy pobre en términos materiales y tenían carencias de todo tipo, la felicidad, la alegría y las sonrisas abundaban en este hogar! El día que llegamos, nos recibieron con un gran vaso de leche y unas masitas para comer. Luego, Toña junto a su padre, nos llevaron a recorrer Ometepe,  conocer uno de los volcanes que se encuentran en la isla y visitar las plantaciones de plátano, frijol y melones de la cooperativa donde trabajaba. El padre de Toña, quien se sentía avergonzado por ser analfabeto, nos cautivó durante la “excursión” con todos sus conocimientos sobre la naturaleza, el trabajo en la tierra y el funcionamiento de las cooperativas.

Al regresar, Luisa nos esperaba con un par de cocos y jugos de frutas para beber. Nos sentimos tan a gusto con la familia Gonzales, que decidimos no visitar los lugares “turísticos” de Ometepe y aprovechar nuestra estadía en la isla para convivir con esta familia y aprender más del mundo campesino de Nicaragua.

De esta manera, se transformó en rutina levantarse temprano, tipo 7 de la mañana, para ir al hogar de los González, ser recibidos con el vaso de leche y emprender, junto a ellos, sus actividades cotidianas. Sus vidas eran asombrosas y extremadamente laboriosas. Toña, se levantaba todos los días a las 4 de la mañana para hacerle la comida a su padre, antes que fuese a trabajar. Luisa, debido a la falta de espacio en la casa, dormía en la cama junto a dos de sus nietas. Para limpiar la ropa, las mujeres de la familia, llevaban en carretas bolsos llenos de prendas sucias que lavaban en el lago luego de fregar arduamente contra las rocas. Nosotros, por nuestra parte, ayudábamos en lo que podíamos, cocinando, lavando la ropa e incluso, Truffe, daba clases de inglés a Toña quien estaba en época de exámenes.

Al llegar el momento de decir Adiós y volver a Costa Rica, nuestros corazones dejaron una parte de ellos con la familia González. Su hospitalidad y bondad, tocaron nuestras almas. Pese a la pobreza que los afectaba, una injusticia que lamentablemente toca a millones de personas, nos recibieron con todo su amor sin esperar nada a cambio  y pusieron a nuestra disposición todos sus recursos, tiempo y alegría. Con ellos, aprendimos que frente a la avaricia y mezquindad de aquellos quienes más tienen, existe la generosidad y altruismo de los más necesitados.

Truffe & Tango

                  

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